La sociedad medieval no era igualitaria, sino que estaba dividida en estamentos, cada uno con sus propios derechos y deberes. Pero, ante la muerte, todos son iguales, porque nadie, ni siquiera el rey puede huir de la muerte…


Las Danzas Macabras son, junto a los Triunfos de la Muerte, una expresión artístico-literaria, surgida en el siglo XIV, que representa a la Muerte personificada. Pero, a diferencia de los Triunfos, su acción es más personalizada, porque no es un monstruo amenazante atrapando a sus indefensas víctimas. La Danza de la Muerte es representada como una serie de escenas en las que unos esqueletos van emparejándose con los vivos, arrastrándolos a bailar con ellos.

En palabras de James Clark:

«Por la Danza de la Muerte entendemos las representaciones literarias o artísticas de una procesión o danza, en la que participan tanto la vida como la muerte. La muerte puede ser representada por una serie de figuras, o por una sola persona que personifica Muerte.»

«Danza de la muerte», Guy Marchant (1486)

Víctor Infantes hizo un exhaustivo estudio de las Danzas de la Muerte, estudiando sus orígenes, desarrollo e influencias. El resultado de ello es el libro «Las Danzas de la Muerte». Génesis y desarrollo de un género medieval (siglos XIII-XIV). En él, hace una descripción de lo que él considera una ‘danza de la muerte completa’: “Por Danza de la Muerte entiendo una sucesión de texto e imágenes presididas por la Muerte como personaje central – generalmente representada por un esqueleto, un cadáver o un vivo en descomposición – y que, en actitud de danzar, dialoga y arrastra uno por uno a una relación de personajes habitualmente representativos de las más diversas clases sociales.”

Lo habitual es que la Danza sea un dibujo, pintura o grabado, acompañado por un texto, que puede ser en verso, una leyenda o un epigrama. Pero, también existen Danzas que carecen de texto literario y otras, como la Dança General castellana, que describen la danza de la muerte en verso, careciendo de representaciones iconográficas. Sin embargo, los elementos claves que debe tener toda Danza de la Muerte para ser considerada como tal son: presentar a la muerte como su protagonista, estableciendo un diálogo con los vivos, basado en el ubi sunt? y la crítica a la vanitas. Además, debe entenderse, ya sea al observar el dibujo, o bien por explícita mención del texto, que se está representando una danza.

Las Danzas de la Muerte, acordes con la mentalidad jerárquica y estamental de la época, siempre ordenan sus personajes partiendo por los estamentos más altos, teniendo siempre prioridad el eclesiástico por sobre el laico. “Riendo sarcásticamente, con el andar de un antiguo y tieso maestro de baile, invita al Papa, al emperador, al noble, al jornalero, al niño pequeño, al loco y a todas las demás clases y condiciones, a que la sigan.”

Ilustración de danza de la muerte en una iglesia
Danza macabra en la Iglesia de la Santísima Trinidad en Hrastovlje, Eslovenia

La sociedad de la Baja Edad Media mantiene los tres estamentos  muy marcados: nobleza, clero y estado llano. También concede un papel importante a la caballería, sobre todo por su heroísmo y porque la idea de cruzada sigue latente. Con el desarrollo urbano hay un nuevo grupo: la burguesía, que a pesar de vivir a veces tan bien como la nobleza, pertenece al Estado Llano, que es, sin duda, el grupo más heterogéneo y numeroso. Sin embargo, hay un aspecto en el cual todos los hombres, independientemente del estamento al que pertenezcan, son iguales: la muerte.

El origen de las Danzas de la Muerte es discutido. Según Huizinga, son originarias de Francia y al parecer, habrían partido como representaciones escénicas. Idea apoyada por Mâle, quien afirma que el arte del siglo XV es inspirado por las representaciones dramáticas. Según Laborde, el duque de Borgoña la hizo representar en su Hôtel de Brujas en 1449.

La más célebre de las representaciones de la Danza Macabra se atribuye a Jean Le Fevré y estaba en el Mural del Pórtico del Cementerio de los Inocentes de París. Pero, desapareció en el siglo XVIII cuando el pórtico fue demolido.

Danza de la muerte (1660), Franciszek Lekszycki

Se cree que el grabado de 1485 hecho por Guyot Marchant, portada de la primera edición de La Danse Macabre, se basaba en esta representación. Este mural estaba acompañado por sentencias que se conservan en la edición de La Danse Macabre de 1485. El poema que acompañaba la imagen estaba compuesto de estrofas que concluían con un refrán, que consolaba a las personas, con la idea de la igualdad de todos ante la muerte, pero al mismo tiempo los estremecía con la idea del fin.

Infantes destaca a la Danse Macabre francesa como una de las más influyentes y destacadas, junto a la alemana Upper Quatrain y la castellana Dança General. Sin embargo, aclara que sólo la cronología de la primera es conocida. De las otras dos se discute su fecha. Por ello, algunos autores discrepan con la teoría de Huizinga, que atribuye a la Danse Macabre la originalidad del tema. Rosenfeld cree que es originaria de Alemania, porque el primer poema de la Danza de la Muerte sería el del convento dominico de Würzbourg en 1350. Martínez Gil cree que los orígenes hay que buscarlos tanto en Würzbourg como en el Cementerio de los Inocentes.

Existe otra teoría, defendida por Solá-Solé, que afirma que es de origen español, pero por influencia árabe, debido a la “relación existente entre macabre y el árabe maqabir nos induce a pensar si no habría que basar en ciertas costumbres funerarias de los musulmanes españoles el origen de las Danzas de la Muerte europeas, por lo menos en su impulso inicial, si no en su forma definitiva”. Claramunt concuerda con esto, destacando lo ‘macabras’ que resultan algunas costumbres musulmanas, que “pudieron ser el origen del espíritu que engendró el tema”. Infantes tampoco descarta una posible influencia musulmana, relacionando las Danzas con la tradición hebrea, también presente en las creencias islámicas, del Ángel de la Muerte. Para ello, cita el siguiente verso, que recrea un diálogo entre Abraham y el Ángel, incluido en la obra de Solá-Solé:

“Yo soy quien mi nombre temen
Quantos memoran mi nombre,
Desde la más baxa tierra
Hasta las más altas torres,
Yo soy el que nadi esenta
De mis amargas pasiones,
A todos los hago iguales,
A los grandes y menores,
Desde el labrador más baxo
Al emperador más noble
Y donde el más alto Rey
A los más baxos pastores.
…………………………………………..
No quiero treguas con nadi,
Jamás escucho razones;
De ninguno soy amigo
A todos tanto de un orden;
Azarael me apellidan
Malac al marti es mi nombre;
Quien nunca tenmió, y le temen
Todas las generaciones.”

El objetivo de la Danza de la Muerte no era sembrar el terror entre las personas, sino “recordar la incertidumbre de la hora de la muerte y la igualdad de todos los estados y edades frente a ella.” La muerte es algo inevitable, todos vamos a morir, independientemente de nuestra condición social o económica. Por eso, la literatura, los grabados y los frescos representan esta muerte triunfante, que baila con personas de todos los estamentos y edades.

Danza macabra en la Iglesia de San Nicolás, Estonia

En cuanto a la posible influencia de la Peste Negra en estas representaciones artísticas, aunque los estudiosos concuerdan en que no es un estilo que surge espontáneamente, sino que es fruto de una larga tradición artística, literaria y religiosa que puede remontarse a siglos muy anteriores, para autores como Infantes, la Peste sí contribuyó al desarrollo de esta representación. En cambio, otros, como Martínez Gil o Clark no lo creen así; el primero porque insiste, al igual que Emilio Mitre, en que la obsesión por la muerte en la Baja Edad Media es sólo la culminación de un proceso, y Clark, como se ha visto anteriormente, por su creencia en la existencia de una Danza muy anterior a la Peste.

Sin embargo, Delumeau, quien subraya la influencia del miedo, que se apodera de Europa en tiempos de la Peste, defiende la idea de una Danza de la Muerte provocada por los estragos que causa la epidemia en la mentalidad de la época. “Parece casi seguro que el tema de la Danza Macabra nació en la gran pandemia de 1348, y es significativo que su eflorescencia se sitúe entre los siglos XV y XVIII, es decir, durante el tiempo en que la peste constituyó un peligro agudo para las poblaciones.”

Ana Luisa Haindl U.

Danza macabra alemana (Siglo XVIII), autor desconocido

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