Se ha dicho que todo arte es una ciencia y que toda ciencia implica un arte. Cicerón dividía el arte en dos clases: una por cuyo medio las cosas eran conocidas por el espíritu y otra por la cual las cosas eran creadas, tal vez hoy se llamaría ciencia a lo primero y arte a lo segundo. 

Marc Potts Ossuary
“Ossuary”, Marc Potts

A la ciencia corresponde observar, analizar, sintetizar, elaborar y/o descubrir las leyes que han de regir determinado tipo de fenómenos; al arte compete elevar a la categoría de obras de arte los fenómenos que la ciencia estudia. La ciencia se expresa en un es, y el arte dice sea; la ciencia conoce a través de la razón, el arte crea mediante el sentimiento. Sin embargo, a pesar del aparente que separa el arte de la ciencia, existen infinidad de puntos de contacto.

Miguel Bueno opina:

“La vieja creencia de que el arte ha de ser exclusivamente vivido, sin preocuparse de pensar en él, se ve desmentida por la aparición de un conjunto de ciencias que reflexionan sobre el hecho artístico […] El estudio de tales ciencias es fundamental para la estética, pues de cada una deriva un aspecto diferente e irreductible en el conocimiento del hecho artístico […] para penetrar en el arte hay que encararlo en todos sus aspectos […] La vivencia del arte es más profunda mientras mayor sea la reflexión que se proyecta en él.”

Esto corrobora la idea de Gustav Schelling de que lo racional y lo intuitivo en el arte no están reñidos, que se puede disfrutar de los valores dados en el arte emotivamente y comprender ese sentimiento racionalmente.

Para encarar racionalmente el arte, auxilian al hombre de manera específica algunas ciencias que se proyectan sobre el problema artístico y que se han llamado ciencias del arte: psicología, sociología, física, matemática, historia, antropología, pedagogía, y filosofía. El objeto de estudio de estas ciencias no es el arte, pero penetran en él para un mejor conocimiento del fenómeno artístico.

Sara C. Valdés